lunes, 30 de septiembre de 2019

EL ROMANTICISMO REVOLUCIONARIO FRANCÉS

EL ROMANTICISMO REVOLUCIONARIO FRANCÉS

El neoclásico fue el arte oficial del imperio. Cuando cayó Napoleón el romanticismo logra imponerse.
Después de la epopeya napoléonica se modifica la concepción de la historia. Ya no hay heroísmo ni triunfos en los cuadros, sino desesperación, muerte y desastre. La pintura romántica francesa es una alegoría sobre una Francia a la deriva tras la caída de Napoleón.

Theodore Géricault (1.791-1.824)
Se apartó del clasicismo oficial de David y se opone al ideal de belleza clásica, prefiriendo la belleza de lo expresivo.  Prototipo de artista romántico, tuvo una vida corta y atormentada que dio lugar a varios mitos sobre él.

Conecta con la grandeza y las posturas y anatomías de los cuerpos de Miguel Ángel, con la plasticidad y el claroscuro de Caravaggio, con la desesperación de Goya y abre el camino del realismo.

Sus temas preferidos son los caballos de carreras, las luchas violentas, los estudios de locos...
El motivo dominante de su obra es la energía, el sentimiento apasionado, lo dramático, la muerte, la locura...

Sus composiciones tienen un gran dinamismo. Se caracterizan por el manejo fácil del pincel y una paleta de tonos oscuros, en los que dominan los colores pardos. Las formas están hechas de masas de color.

En "La balsa de la Medusa" narra la trágica odisea de los naúfragos de la fragata Medusa que en 1.816 naufragó en aguas de Senegal. La tripulación fue abandonada a la deriva durante trece días. De los cerca de ciento cincuenta tripulantes, quince sobrevivieron gracias al canibalis
Plasticamente, predominan los colores cálidos. La pincelada densa hace que el color destaque siempre sobre el dibujo. El lienzo tiene un foco de luz que ilumina el cuadro, lo que provoca un claroscuro contrastado, siguiendo como modelo a Caravaggio.
En la composición se observan dos construcciones piramidales, de clara influencia barroca, que se entrecruzan. La primera la dibujan los vientos en la vela y la ola, y las segunda, conocida como pirámide de la esperanza, la forman los cuerpos de los marineros, que van desde los muertos abajo hasta el personaje de la cima, que agita una tela mientras mira hacia el barco que se aprecia al fondo.
La balsa es bastante frágil y sus ocupantes se debaten entre la vida y la muerte, el pesimismo y la esperanza, encarnada en la nave del fondo.
Este cuadro es una alegoría de la Francia a la deriva después de la caída de Napoleón.
El realismo de los cuerpos no remite a Miguel Ángel, Rubens o Caravaggio; en cambio las grandes dimensiones y los sentimientos son clara influencia de David.

Eugene Delacroix  (1.798-1.683)

Delacroix tiene un estilo de gran dinamismo y movimiento colorista. La acción se une al color como elemento expresivo.
Muestra interés por temas literarios (La barca de Dante), históricos, contemporáneos, políticos de denuncia (La libertad guiando al pueblo) y exóticos u orientales a partir de un viaje que realizó a África en 1.832 (Mujeres en Argel).
Su obra se caracteriza por la perfección de la línea y una composición evocadora de Miguel Ángel y Rubens. En ella busca la brillantez de ejecución, la transparencia y fluidez del colorido, el brío pictórico y pastosidad, el orientalismo exótico, la sensualidad y la violenta diagonal.
Esta es la Matanza de Quíos.
Entre los elementos plásticos hay que destacar que las pinceladas sueltas y onduladas. El rojo y el azul de la bandera, de la ropa del herido que intenta erguirse ante La Libertad (figura central femenina) y la polaina del muerto de la izquierda resaltan entre las tonalidades ocres y grises predominantes. Los tres elementos así destacados crean una línea recta que forma un eje central.
La composición recuerda a la de la balsa de Medusa de Gericault porque las figuras se enmarcan dentro de una pirámide ascensional cuyo vértice es la bandera francesa.
La obra hace referencia a las tres jornadas revolucionarias del 27, 28 y 29 de julio de 1.830 que tuvieron lugar en Paría y que provocaron la caída del último Borbón (Carlos X) y la llegada de Luis Felipe I de Orleans.
El lienzo se expuso en el Salón de París de 1.831 y el rey Luis Felipe de Orleans lo compró por tres mil francos. Por lo incendiario del tema, decidió no mostrarlo al público.
Delacroix sintió gran admiración por Miguel Ángel y la terribilitá de sus personajes. Se dejó influir por el tratamiento del color de la escuela veneciana (Tizziano) y, sobre todo, por la vitalidad desbordante y la profusión decorativa de Rubens. Tampoco fue ajeno a pintores más cercanos como Gericault, Gros y el español Goya.

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